Los españoles se tientan los bolsillos antes de efectuar gastos superfluos y mantienen, en los últimos tiempos, una política de cruda austeridad en muchos ámbitos de su vida cotidiana. Pero a la hora de invocar a la diosa Fortuna parecen abandonar este hábito, quizá confiados en que el azar les depare una lluvia de millones. Y más en la Lotería de Navidad, el sorteo más importante y con mayor arraigo entre la población.