26/12/2009 - 12:32
PAULA CARRIBA

El ruido de la cascada que brota entre las montañas de Jordania y la escasa luz que adorna el montaje final hacen que el Belén de la familia Trebolle Liz, expuesto en la Parroquia de San Lorenzo durante estos días, tenga un aspecto mágico pero, a la vez, con todos los matices posibles que lo acercan a la realidad.
El Belén está basado en cuatro grandes zonas: en el inicio del mismo se puede contemplar el pueblo de Nazaret caracterizado, fundamentalmente, por la anunciación del ángel a la Virgen María. En este lugar destaca también la casa de los herreros, el herrero padre y el herrero hijo, «que son figuras de las más bonitas que existen en el Belén en movimiento», según las propias palabras del presidente de la Audiencia Provincial, Feliciano Trebolle. Tras Nazaret, el campo de la anunciación y la montaña que conduce a los visitantes hasta Belén, donde se puede encontrar el pasaje bíblico del empadronamiento de San José y María, así como el misterio de buscando posada. «Después del pueblo hemos querido realizar un pequeño cántico a la naturaleza, sobre todo a las grandes montañas de Jordania y una gran cascada de agua». Al final, se encuentra la huida a Egipto, representada por las figuras de la Virgen María y San José y una gran caravana que está encaminada a vender sus telas.
Todo el desarrollo del nacimiento de la familia Trebolle Liz está aderezado por muchas figuras en movimiento con huertos (un detalle de la esposa del presidente, María Elena), pajares y, en el inicio una figura especialmente llamativa, sobre todo para el gran número de niños que lo visitan: «es difícil que tenga entrada esta figura en España y viene representada por las ovejas en movimiento que son tremendamente elegantes, bebiendo y amamantando a la pequeñita, así como el pastor esquilándolas».
Las figuras así como los pequeños detalles que adornan cada lugar representado en los más de 7 metros de largo por 4,5 de ancho del nacimiento, son los ingredientes clave que hacen a este Belén espectacular. Las figuras en movimiento, gran parte de ellas de procedencia napolitana, dan un aspecto mucho más real, gracias también al estudiado montaje llevado a cabo: «el Belén requiere una vida, un movimiento. Y esta vida la conseguimos a través del montaje en dos partes del mismo: la parte del fondo, con figuras sin movimiento y pueblos construidos en progresión, desde las casas más altas a las casas más bajas. Es importante la proporcionalidad, pero no sólo en las construcciones arquitectónicas sino también en los propios personajes representados. La profundidad que le hemos querido dar desde todos los ángulos así como la perspectiva también ayudan». Aprovechando la minuciosidad de cada detalle plasmado en el montaje de este Belén, los visitantes, ¿por qué no detenerse a buscar los ratones con sus respectivas trampas o el perro ladrando a un pájaro?
Es un nacimiento familiar porque es con los suyos con los que ha dedicado más de 5 horas durante 11 días a su montaje: «aquí participan dos de mis hijos, los hijos políticos, mi mujer y yo». Tras 8 años de su primera vez como belenista en San Lorenzo, insta a que todos «conserven esta tradición, la mantengan y la eleven cada año más».











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